divendres, 11 de gener de 2019

Cinco proposiciones sobre Marx y el hecho nacional

No hay emancipación nacional sin emancipación social. Y viceversa.


Joan Tafalla[1]

“Si se quiere estudiar el nacimiento de una concepción del mundo 
que nunca fue expuesta sistemáticamente por su fundador hay que hacer 
previamente un trabajo filológico minucioso y realizado con el máximo 
escrúpulo de exactitud, de honradez científica, de lealtad intelectual, 
de ausencia de todo prejuicio y apriorismo o toma de partido “.
Antonio Gramsci

En nuestro país, cuando hablamos sobre Marx y del hecho nacional solemos navegar en un mar proceloso donde imperan el presentismo y lo que Gramsci llamaba constreñir los textos es decir: “hacer decir a los textos, por amor a la tesis, más de lo que los textos realmente dicen “.[2]Habitualmente nos encontramos con citas fuera de contexto, lejos de “un trabajo filológico minucioso y realizado con el máximo escrúpulo de exactitud, de honradez científica, de lealtad intelectual, de ausencia de todo pre-juicio y apriorismo o toma de partido “.[3]Al mismo tiempo se ignora, a menudo de mala fe, que la obra de Marx es una obra en construcción y que si nos queremos acercar a su método hay que saber que el: “… leitmotiv, del ritmo del [su] pensamiento en desarrollo, debe ser más importante que las afirmaciones casuales y los aforismo aislados”.[4]
Y, ante todo hay que partir del hecho de que es imposible encontrar en Marx ni en Engels (a partir de aquí M y E) una definición simple de nación presta a ser aplicada en todos los casos. M y E, como intelectuales que se pretendían orgánicos de un movimiento real y en movimiento, el de constitución del proletariado en clase, fueron elaborando hipótesis explicativas y respuestas concretas, a demanda del desarrollo histórico concreto en que participaban. Hipótesis explicativas y respuestas concretas que están lejos de ser una teoría completa ni coherente. Sin embargo, podemos afirmar que casi siempre se atuvieron a una determinada posición ético-política proveniente de la tradición de la que formaban parte: la tradición democrática-jacobina. En el largo recorrido de la obra marxiana podemos encontrar elementos de método de análisis junto de elementos normativos, de principios ético-políticos. En estos últimos encontramos en el conjunto de esta obra una continuidad notable.
A riesgo de resultar esquemático y sólo por razones de tiempo, glosaré las posiciones de M y E sobre el hecho nacional en cinco proposiciones: 1.- No puede haber emancipación nacional sin emancipación social. Y viceversa. 2.- Clase, nación y hegemonía en el Manifiesto Comunista. 3.- Contenido y forma de la lucha del proletariado. 4.- Engels y los pueblos “sin historia”. 5.- Centralismo, estatismo y democracia. 

1.- No puede haber emancipación nacional sin emancipación social. Y viceversa.

Empezamos por una afirmación normativa de Marx en la relación entre los pueblos que creo va más allá de la táctica o de la circunstancia: el 28 de marzo de 1870, llamando a la unidad en la lucha entre el proletariado inglés y el irlandés, Marx escribió: “El pueblo que oprime a otro pueblo forja sus propias cadenas”.[5]Esta afirmación establece una relación indisoluble entre liberación nacional y social. Parece que se trata de un axioma normativo, alejado del relativismo nacional que se le suele atribuir. De este modo, Marx recogía la antorcha democrática que ya fuera encendido por Robespierre en abril de 1793: “El que oprime a una nación, se declara enemigo de todas”.[6]
Enmarcamos esta frase en un contexto más amplio. Para Marx la cuestión irlandesa mostraba de manera suficiente en qué consistía su visión del internacionalismo proletario: “Tan pronto como termine la unión coercitiva de estos dos países estallará en Irlanda una revolución social, aunque sea bajo formas anticuadas .. . Por otra parte, al dejar intacto el poder de sus grandes propietarios de tierra en Irlanda, el proletariado inglés los hace invulnerables a la propia Inglaterra … el obrero medio inglés odia el irlandés al que considera un rival que hace que bajen los salarios y el standard of life . Siendo antipatía nacional y religiosa hacia él … la burguesía fomenta y conserva artificialmente este antagonismo entre los proletarios dentro Inglaterra misma. Sabe que en esta escisión del proletariado reside el auténtico mantenimiento de su poder … El pueblo que oprime a otro pueblo forja sus propias cadenas “. [7]
Es decir Marx sitúa, como siempre, la lucha por la liberación nacional en el contexto de la lucha de clases pero no sólo eso. Considera que la liberación nacional del pueblo oprimido por el imperialismo permite la liberación social: “La condición preliminar de la emancipación de la clase obrera inglesa es la transformación de la actual unión coercitiva, es decir del sometimiento de Irlanda , en alianza igual y libre, si es posible, o en una separación completa, si es necesario “.[8]
Esta misma posición también queda clara queda clara en el caso de Polonia: “Por eso, en trabajar para romper las cadenas de Polonia, los socialistas rusos se plantean la generosa meta de destruir el régimen militar, condición esencialmente necesaria para la liberación general del proletariado europeo “. [9]
Ciertamente alguien podría aducir que tanto en el caso de Irlanda como en el de Polonia, las posiciones de M y E variaron a lo largo del tiempo. Es cierto, pero no pudiendo resumir aquí esta evolución[10]sólo puedo responder que cuando quiero valorar las posiciones de cualquier autor suelo conceder un plus de credibilidad a las posiciones formuladas en último lugar.

2.- Clase, nación y hegemonía en el Manifiesto Comunista.

Con demasiada alegría e inconsistencia se suele citar la frase del Manifiesto del Partido comunista (1848) que dice: “Los obreros no tienen patria”, como si resume el pensamiento de Marx respecto del hecho nacional. Sin embargo, esta frase no tiene un carácter normativo y aún menos es una desiderata sobre un “deber ser” de la clase obrera predicado o inventado por “… tal o cual reformador del mundo”.[11]Por el contrario M y E consideraban que “Las postulados teóricos del comunismo… Sólo son  expresiones generales de los hechos reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que transcurre ante nuestra vista”. [12]
De ello podemos desprender que la afirmación: “los obreros no tienen patria” no hace más que describir una situación de hecho: la expropiación, la alienación sufrida por el proletariado que era y es excluido de la ciudadanía, que es un ilota, un meteco o, peor, un esclavo en la polis. Cabe recordar aquí que en el contexto de la democracia revolucionaria de 1848, en la estela de la Gran Revolución francesa, se entendía la patria como la polis, es decir como el conjunto de los ciudadanos. Nada que ver con la patria nacionalista y mucho menos fascista.
Así pues, la afirmación de que el obrero no tiene patria no se limita a lo anunciado por Enzo Traverzo: “La respuesta que Engels, con Marx, propone consiste en superar estas divisiones apoyándose en los intereses comunes de los trabajadores y de los explotados más allá de las fronteras nacionales: es precisamente en este sentido que “los obreros no tienen patria”. En el plano histórico concreto, esta Aufhebung[13]dialéctica de las rupturas nacionales no se hará, sin embargo, sin problemas. La experiencia de la revolución rusa, con la dislocación del antiguo imperio multinacional, la independencia de Finlandia y los Países bálticos, el nacimiento de una federación de repúblicas, el estallido de diversas guerras civiles y las “sovietizaciones” forzadas que se desprendieron de ellas han aportado largamente la prueba de ello”.[14]No quitándole la razón a Traverso en las conclusiones que extrae del mal uso de la idea reductiva según la cual los obreros no deberían tener patria, el asunto es bastante más complejo:
Para comprobar lo que afirmo basta leer completamente este párrafo del Manifiesto: “También se ha reprochado a los comunistas que querían abolir la patria, la nacionalidad. / Los obreros no tienen patria. No es posible quitarles lo que no tienen. puesto que el proletariado aún debe conquistar en primer término, la hegemonía política, elevarse a clase nacional,[15]constituirse a sí mismo en cuanto nación, aún es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido que le da burguesía. / Las segregaciones y contradicciones nacionales de los pueblos desaparecen cada vez más ya con el propio desarrollo de la burguesía, con la libertad de comercio, con el mercado mundial, la uniformidad de la producción industrial y las condiciones de vida correspondientes a ellos. / La hegemonía del proletariado las hará desaparecer aún más. La acción unificada, al menos en los países civilizados, es una de las condiciones primordiales de su liberación. En la misma medida que se deroga la explotación de un individuo por otro, se deroga la explotación de una nación por otra. /  Con la desaparición de las contradicciones de las clases en el seno interno de la nación[16], desaparecerá la posición hostil de las naciones entre sí”.[17]
            Quien cite la autoridad de Marx que lo haga, como pedía Gramsci mediante: “… un trabajo filológico minucioso y realizado con el máximo escrúpulo de exactitud, de honradez científica, de lealtad intelectual, de ausencia de todo pre-juicio y apriorismo o toma de partido.”[18]
El resumen de estos párrafos de El Manifiesto es claro y no seré yo quien lo haga. Lo hizo hace bastantes años Pierre Vilar: 
“Analicemos: 1) La nación existe. 2) Es un hecho político. 3) Toda clase dominante se erige en clase nacional. 4) Toda clase nacional se identifica con la nación. 5 ) La burguesía lo ha hecho; el proletariado puede pretender hacerlo. 6) El hecho nacional puede cambiar de sentido, según la clase que lo asuma”.[19]
A mi modo de ver la problemática abierta por el Manifiesto en la cuestión nacional se mueve en el interior de la temática de la hegemonía, que es tema leninista y gramsciano por excelencia, pero que no inventaron ni Lenin ni Gramsci. En el Manifiesto comunista queda claro que la constitución del proletariado en clase exige la asunción de la tarea de la conquista hegemonía en el marco nacional de la lucha de clases. Este será un elemento central de la concepción leniniana sobre la cuestión nacional, lejos del cosmopolitismo abstracto de Rosa Luxemburgo, por ejemplo.
Antes de cerrar este apartado conviene reiterar que para M y E, la nación, el pueblo, la patria no tienen de ninguna manera un contenido esencialista, ni etnicista sino que se corresponden con una formación histórico-política que se desarrolla bajo el capitalismo y que debe ser tratada como tal.[20]

3.- Contenido y forma de la lucha del proletariado.

En otro paso del Manifiesto comunista afirma: “Aunque no lo es por su contenido, en su forma la lucha del proletariado contra la burguesía es, por ahora, nacional. Es natural que el proletariado de cada país debe acabar en primer término con su propia burguesía”.[21]En esta simple fórmula del Manifiesto encontramos la relación dialéctica existente entre los objetivos internacionalistas de la lucha obrera (“Proletarios de todos los países, uníos!”) y marco el obligado marco nacional en que se desarrolla la lucha de clases real. Es en esta relación dialéctica que se explican, tanto la posición de Lenin en los debates sobre organización del POSDR en 1903, como sus posiciones sobre la cuestión nacional, de antes y de después de la revolución.
En resumen, en los escritos de M y E sobre la cuestión nacional podemos encontrar tanto criterios metodológicos para el análisis de las formaciones sociales y de las coyunturas políticas, como criterios normativos de carácter ético-político. O sea,  principios en que el ideal del socialismo se funde con el ideal de la democracia. Sin duda, estos principios democráticos informaron la defensa del derecho de autodeterminación por parte de la Segunda Internacional en su segundo congreso de 1896, o las posiciones de Lenin frente la realidad multinacional y colonial del imperio zarista en que actuaba y en que deseaba transformar.
Pondré un ejemplo de esta doble influencia vez metodológica y normativa. En una nota escrita en 1916, que fue encontrada entre los papeles de Lenin y publicada póstumamente en la edición de 1937 de las OC dice:
“Existe cierta similitud entre la forma en que la humanidad debe llegar a la supresión de las clases y la forma en que debe llegar a la posterior unión de las naciones. A saber: a la supresión de las clases se llega a través de la etapa de transición de dictadura de la clase oprimida. A la unión de las naciones sólo se llega a través de la liberación de las naciones oprimidas, de la auténtica extirpación de la opresión nacional, y el enfoque de esta realidad con un criterio político consiste precisamente en la libertad de separación. La libertad de separación es el mejor y el único medio político contra el estúpido sistema de pequeños Estados y el aislamiento nacional que, para la suerte de la humanidad, es inevitablemente destruido por el desarrollo del capitalismo”.[22]
Separar para unir, praxis dialéctica, proceso histórico-concreto. Combinación no igualada aún entre principios y realismo político. Una propuesta comprensible sólo para espíritus no mecánicos, ni positivistas, ni evolucionistas, es decir, para espíritus dialécticos, o sea, revolucionarios. Un propuesta incomprensible también para nacionalistas de cualquier pelaje.

5.- Engels y los pueblos “sin historia”.

Mencionar únicamente estos aspectos más democráticos e internacionalistas de las posiciones de M y E sería unilateral. En 1848, ambos establecían una prioridad de los intereses de la revolución democrática sobre de la lucha de los pueblos oprimidos. Priorizaban la lucha contra el imperialismo zarista a quien consideraban la reserva estratégica de la reacción en Europa. Por ello apoyaban la emancipación de Polonia, pero no a la de los eslavos del sur. Esta posición de carácter táctico indujo a Engels, en los escritos publicados en la Nueva Gazeta Renana 1848, a considerar que los eslavos del sur y del centro de Europa eran pueblos reaccionarios y a denominarlos “pueblos sin historia”. Hay que contextualizar este episodio en el contexto de la revolución europea de 1848, y en el hecho de que tanto el despotismo austríaco como el ruso utilizaron a algunos de estos pueblos (checos, eslovacos, eslovenos, croatas, serbios, y ucranianos ) como tropas de choque contra las revoluciones democráticas. Según Roman Rosdolki “Por pueblos ‘sin historia propia’ Engels entendía pueblos que en su pasado no lograron crear un sistema estatal vigoroso y de tal manera, según Engels, ya no poseían fuerza para obtener su autonomía nacional en el futuro “.[23]El propio Rosdolski opina que en el trasfondo de estas posiciones de Engels podemos percibir el olor de un cierto supremacisme alemán, o bien de un cierto hegelianismo deformado aplicado a las relaciones entre los pueblos.[24]
Por su parte, Enzo Traverzo considera que: “… una tal concepción, que mezcla el Volksgeist de Hegel con una versión pre-darwiniana de la selección natural, no tiene equivalente en Marx. Durante las revoluciones de 1848, éste se limita a distinguir entre ‘naciones revolucionarias’ y ‘naciones contrarrevolucionarias’, con una clasificación descriptiva que se abstiene de hacer una valoración sobre el carácter históricamente vivo o obsoleto de los diversos grupos nacionales”.[25] Por su parte Michael Lowy opina que: “… esto esta actitud no estaba relacionada de forma orgánica a una determinada filosofía ‘evolucionista, economicista y eurocentrista’, más bien fue el producto de su miedo obsesivo a la contrarrevolución zarista, así como de la instrumentalización del paneslavismo por el zar. a partir de que se empiezan a materializar perspectivas revolucionarias en Rusia (después de 1870), esta estimación negativa desaparece”.[26] En lo que coincide con la obra de Kevin Anderson, ya mencionada.
Tampoco me puedo extender aquí en el tema, pero había que mencionarlo como contrapunto a visiones demasiado simplistas del pensamiento de M y E sobre el hecho nacional.

5.- Centralismo, estatismo y democracia.

Contra la visión de algunos marxistas de raíz kautskyana, la idea de que M y E o Lenin se hacían del socialismo distaba mucho de considerar progresista la centralización feudal de los Estados del absolutismo durante el antiguo régimen (como la de Felipe V en España o la de Luis XIV en Francia), ni tampoco el centralismo re-instaurado por Napoleón, por la restauración borbónica de 1814 o por la tercera república francesa. Aun menos consideraban el centralismo como una de la características propias del socialismo.
Podríamos citar largamente de estos posicionamientos a Marx a La guerra civil en Francia(1871),[27]o VI Lenin en El Estado y la revolución(1917),[28]o en Contribución al problema de la naciones o sobre la “autonomización”(1922).[29]En estos escritos, nuestros autores describen un modelo de socialismo que poco tiene que ver con el desarrollado en los países del autodenominado “socialismo real” durante el siglo XX. Con la caída del socialismo “irreal” lo que se ha agotado no son las ideas de Marx y Lenin sobre el socialismo, la democracia y la cuestión nacional. Lo que ha sido irremisiblemente amortizado por la historia son el estatismo y el centralismo burocráticos.
Recomiendo la lectura de las obras citadas y me limito aquí a citar un paso menos conocido y menos reconocido de Engels, en su crítica al programa de Erfurt (1891): “Así pues, república unitaria. Pero no en el sentido de la presente República francesa, que no es otra cosa que el Imperio sin el emperador fundado en 1798. de 1792 a 1798, cada departamento francés, cada comunidad poseían su completa autonomía administrativa, según el modelo norteamericano, y esto deberíamos tener también nosotros. Norteamérica y la primera República francesa nos han mostrado y probado cómo organizar esta autonomía y cómo se puede prescindir de la burocracia …”.[30]
El anti-estatismo y el anti-centralismo burocrático del viejo Engels se materializaba cuando proponía incluir en el programa la siguiente medida: “Administración autónoma completa en la provincia, el distrito y la comunidad a través de funcionarios elegidos sobre la base del sufragio universal. Eliminación de todas las autoridades nombradas por el Estado”.[31]Se pueden seguir en las obras citadas de Marx, Engels y Lenin, multitud de muestras de este anti-centralismo. Nos encontramos también ante una propuesta de carácter normativo, bien bastante alejada de aquella simplificación que usan algunos nacionalistas de naciones grandes que identifican el progresismo con el centralismo.

Conclusión

Creo que las cinco proposiciones que acabo de exponer muy brevemente no nos eximen de una examen más detenido de los posicionamientos de Marx sobre el hecho nacional. Solo he pretendido señalar algunos de los temas que habría que priorizar en esta investigación, al tiempo que he pretendido salir al paso de los prejuicios, apriorismos y tomas de partido con que se aborda la cuestión en nuestro país.



Bibliografía usada

AAVV (Georges Haupt, Michaël Löwy, Claudie Weil), Les marxistes et la question nationale, 1848-1914, Paris, El Harmattan, 1997. Primera edición: Paris, Maspero, 1974.
AAVV (Immanuel Wallerstein y Etienne Balibar), Raza, nación y clase, Madrid, IEPALA. 1991. Primera edición en francés: Paris, La Découverte, 1988.
Kevin B. Anderson, Marx aux antipodes. Nations, ethnicité et sociétés non occidentales, Paris, Syllepse, 2015. Primera edición en inglés : Marx at the margins, University of Chicago Press, 2010.
Michael Löwy, Patries ou planète? Nationalismes et internationalismes de Marx à nos jours, Cahiers Libres, Editions Page deux, Lausana, 1997.
Karl Marx y F. Engels, Artículos en la Nueva Gaceta Renana, Obras de Marx y Engels (OME) 9 y 10, Barcelona, Grupo Editorial Crítica, 1978 y 1979 respectivamente.
Karl Marx y F. Engels, Acerca del colonialismo, Moscú, Editorial Progreso, 1970 s (aprox.).
Karl Marx y F. Engels, La revolución en España, traducción de Manuel Sacristán, Barcelona, Ariel, 1960, 1966 y 1970.
Karl Marx y F. Engels, La revolución en España. Artículos, Moscú, Editorial Progreso, 1978.
Maxime Rodinson, Le marxisme et la nation, en la revista L’homme et la société, janvier-mars, 1968, nº 7,
Roman Rosdolski, El problema de los pueblos sin historia, editorial Fontanamara, Barcelona 1981.
Joan Tafalla, Los bolcheviques y la deconstrucción del imperio zarista (esbozo)in AAVV, La revolución rusa de 1917 y el estado. Del consejo de Comisarios del Pueblo a la NEP (1917-1921), Vilassar de Dalt, Editorial El Viejo Topo, 2018.
Enzo Traverzo, Friedrich Engels et la question nationale, in AA.VV. Friedrich Engels, savant et révolutionnaire, sous la direction de Georges Labica et Mirielle Delbraccio, Paris, Actuel Marx Confrontation / PUF, 1997.










[1]Intervención de Joan Tafalla en la Jornada “Marx, 200 años”, organizada por EUiA, Izquierda Europea, Fundación la Alternativa, Fundación Revolución democrática y Socialismo sin fronteras en el patio Llimona de Barcelona el día 19 de diciembre de 2018. Abreviaturas usadas: M y E: Marx y Engels; OME, obras de Marx y Engels, editorial Grijalbo; OEME: Obras escogidas de Marx y Engels, Moscú, Editorial Progreso, (1981); OC: Obras completas de VI Lenin Moscú, Editorial Progreso,(1985).
[2]Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel , nº 6, § 198. Agradezco Nando Zamorano que me haya hecho notar esta nota.
[3]Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, nº 16 (XXII), 1.933 a 1934, Temas de cultura§ 1, Cuestiones de método.
[4]Antonio Gramsci, loc. cit.

[5]Karl Marx, Extracto de una comunicación confidencial, 28 de marzo de 1870. Se trata de una circular en que Marx polemiza contra la influencia bakuninista en el Consejo federal de la AIT de la Suiza francesa. Los bakuninistas no comprendían la importancia del movimiento de liberación nacional irlandés y su relación con la lucha del proletariado inglés. In: OEME, 1976, Tomo II, pág. 187.
[6]Maximilien Robespierre: Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano propuesta por Maximilien Robespierre, impresa por la convención nacional, 24 de abril de 1793, artículo XXXVI, en Por la felicidad y por la libertad. Discursos (2005), p. 202.
[7]Karl Marx, Extracto …,ob cit., p. 186-187.
[8]Karl Marx, Extracto …, ob cit., p. 187.
[9]Karl Marx, El consejo general de la AIT a los miembros de la sección rusa en Ginebra, 24 de marzo de 1870. OEME, 1976. Tomo II, p. 182.
[10]Dos magnificas obras nos permiten estudiar esta evolución: AAVV (Georges Haupt, Michaël Löwy, Claudie Weil) Les marxistes et la question nationale, 1848-1914, Paris,L’Harmattan,1997. Primera edición: Paris, Maspero, 1974, y Kevin B. Anderson, Marx aux antipodes. Nations, ethnicité et sociétés non occidentales, Paris, Syllepse, 2015. Primera edición en inglés: Marx at the marginsUniversity of Chicago Press, 2010.
[11]M y E,  Manifiesto del Partido Comunista, en OME 9, p. 150.
[12]M y E,  Manifiesto del Partido Comunista, loc. cit.
[13]En alemán, superación.
[14]Enzo Traverzo, Friedrich Engels et la question nationale, in AA.VV. Friedrich Engels, savant et révolutionnaire, sous la direction de Georges Labica et Mirielle Delbraccio, Paris, Actuel Marx Confrontation / PUF, 1997, p.210.
[15]Engels corrigió esta frase en la edición de 1888 del Manifiesto Comunista: “ elevarse a clase dirigente de la nación”. Es necesario que dejar constancia de esta referencia a la hegemonía, concepto que, como todo el mundo puede comprobar, aparece dos veces en estas mismas páginas del Manifiesto. La ignorancia de la trascendental importancia del concepto de hegemonía en el conjunto de la filosofía de la praxis es uno de los errores mayores cometidos por los sedicentes marxistas partidarios de los nacionalismos de gran nación.
[16]Corrección en la edición alemana de 1890: “de las naciones”.
[17]M y E, Manifiesto del Partido Comunista, ob.cit. p. 154-155.
[18]Antonio Gramsci, ob. cit.
[19]Pierre Vilar, Sobre els fonaments de les estructures nacionals, en:  Estat, nació, socialisme, Barcelona, Curial, 1981, p. 25.
[20]Como señalan los ya citados Enzo Traverso y Pierre Vilar y como así mismo haceMaxime Rodinson, Le marxisme et la nation,en la revista  L’homme et la société, janvier-mars,1968, nº 7, p. 133.
[21]M y E, Manifiesto del Partido Comunista, ob.cit. p. 147.
[22]VI Lenin, Comentario a las tesis. La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación, escrito entre enero y febrero de 1916, publicado por primera vez en Leninski Sbórnik XXX, 1937, actualmente en: OC, t. 23, p. 256.
[23]Roman Rosdolski, El problema de los pueblos sin historia, editorial Fontanamara, Barcelona 1981, pág. 8.
[24]El propio Rosdolski no deja de ver en estas posiciones un episodio de un Proceso de aprendizaje / error en Marx y en Engels, proceso que conducirá hacia las posiciones de Lenin sobre la cuestión nacional: No es maravilla que a Lenin le fuese dado superar las unilateralidad tanto de la concepción engelsiana como también de la bakuniniana y tender un puente entre ellas”, ob.cit., pág. 164.
[25]Enzo Traverzo, ob.cit., P. 206.
[26]Michael Löwy, Patries ou planète? Nationalismes et internationalismes de Marx à nos jours, Cahiers Libres, Éditions Page Deux, Lausana, 1997.
[27]OEME 1976, tomo 2, páginas 214-259.
[28]OC, tomo 33.
[29]OC, tomo 45, Editorial Progreso, 1987.
[30]Federico Engels, Contribución a la crítica del programa socialdemócrata de 1891, escrito entre 18 y 29 de junio de 1891, más conocido como Crítica al programa de Erfurt, OEME, tomo 3, pp. 458.
[31]Federico Engels, Contribución a la crítica del programa socialdemócrata de 1891, loc.cit.

dijous, 10 de gener de 2019

Cinc proposicions sobre Marx i el fet nacional.


El passats 18 i 19 de Desembre de 2018EUiA conjuntament amb el PEE, la Fundació l’Alternativa, la Fundació Socialisme sense fronteres i la Fundació Revolució Democràtica van organitzar dues jornades per fer reflexió sobre el legat de Karl Marx i la seva actualitat.
Jo hi vaig presentar una ponencia sota el títol:
Cinc proposicions sobre Marx i el fet nacional.

“El poble que oprimeix un altre poble forja les seves pròpies cadenes”

Joan Tafalla[1]


“Si es vol estudiar el naixement d’una concepció del món que mai no fou exposada sistemàticament pel seu fundador cal fer prèviament un treball filològic minuciós i realitzat amb el màxim escrúpol d’exactitud, d’honradesa científica, de lleialtat intel·lectual, d’absència de tot pre-judici i apriorisme o presa de partit”. 
Antonio Gramsci


En el nostre país, quan parlem sobre Marx i del fet nacional solem navegar en un mar procel·lós on imperen el presentisme i allò que Gramsci anomenava constrènyer els textos es a dir: “fer dir als textos, per amor a la tesi, més d’allò que els textos realment diuen”.[2] Habitualment ens trobem amb cites fora de context, lluny d’ “un treball filològic minuciós i realitzat amb el màxim escrúpol d’exactitud, d’honradesa científica, de lleialtat intel·lectual, d’absència de tot pre-judici i apriorisme o presa de partit”.[3]A l’ensems no s’ignora, sovint de mala fe, que l’obra de Marx és una obra en construcció i que si ens volem acostar al seu mètode cal saber que el : “... leitmotiv, del ritme del [seu] pensament en desenvolupament, ha de ser més important que les afirmacions casuals i els aforisme aïllats”.[4]

I, abans de res caldrà partir del fet que és impossible trobar en Marx ni en Engels ( a partir d’aquí MiE) una posició o definició simple de nació presta a ser aplicada en tots els casos. M i E, com intel·lectuals que es pretenien orgànics d'un moviment real i en moviment, el de constitució del proletariat en classe, van anar elaborant hipòtesis explicatives i respostes concretes, a demanda del desenvolupament històric concret en què participaven. Hipòtesis explicatives i respostes concretes que estan lluny de ser una teoria completa ni coherent. No obstant això, podem afirmar que gairebé sempre es van atenir a una determinada posició ètico-política provinent de la tradició de la qual formaven part: la tradició democràtica-jacobina. Per tant en el llarg recorregut de l’obra marxiana podem trobar elements de mètode d’anàlisi al costat d’ elements normatius, de principis ètico-polítics. En aquests darrers hi trobem en el conjunt de l’obra una continuïtat notable.

A risc de resultar esquemàtic i només per raons de temps, glosaré les posicions de M i E sobre el fet nacional en cinc proposicions: 1.- No pot haver emancipació nacional sense emancipació social. I viceversa. 2.- Engels i els pobles "sense història". 3.- Centralisme, estatisme i democràcia. 4.- Classe, nació i hegemonia en el Manifest Comunista. 5.- Contingut i forma de la lluita del proletariat.

1.- No pot haver emancipació nacional sense emancipació social. I viceversa.

Comencem per una afirmació normativa de Marx en la relació entre els pobles que crec va més enllà de la tàctica o de la circumstància: el 28 de març de 1870, cridant a la unitat en la lluita entre el proletariat anglès i l'irlandès, Marx va escriure: "El poble que oprimeix un altre poble forja les seves pròpies cadenes".[5]Aquesta afirmació estableix una relació indissoluble entre alliberament nacional i social. Sembla que es tracta d'un axioma normatiu, allunyat del relativisme nacional que se li sol atribuir. D’aquesta manera, Marx recollia la torxa democràtica que ja fora encesa per Robespierre a l'abril de 1793: "Aquell que oprimeix a una nació, es declara enemic de totes".[6]
Emmarquem aquesta frase en un context més ampli. Per a Marx la qüestió irlandesa mostrava de manera suficient en què consistia la seva visió de l’internacionalisme proletari: "Tan aviat com acabi la unió coercitiva d'aquests dos països esclatarà a Irlanda una revolució social, encara que sigui sota formes antiquades ... D'altra banda, en deixar intacte el poder de les seves grans propietaris de terra a Irlanda, el proletariat anglès els fa invulnerables a la pròpia Anglaterra ... l'obrer mitjà anglès odia l'irlandès al qual considera un rival que fa que baixin els salaris i el standard of life. Sent antipatia nacional i religiosa cap a ell ... La burgesia fomenta i conserva artificialment aquest antagonisme entre els proletaris dins Anglaterra mateixa. Sap que en aquesta escissió del proletariat resideix l'autèntic manteniment del seu poder... El poble que oprimeix un altre poble forja les seves pròpies cadenes ".[7]
És a dir Marx situa, com sempre, la lluita per l'alliberament nacional en el context de la lluita de classes però no només això. Considera que l'alliberament nacional del poble oprimit per l’imperialisme permet l'alliberament social: "La condició preliminar de l'emancipació de la classe obrera anglesa és la transformació de l'actual unió coercitiva, és a dir del submissió d'Irlanda, en aliança igual i lliure, si és possible, o en una separació completa, si cal ".[8]
Aquesta mateixa posició també queda clara queda clara en el cas de Polònia: "Per això, en treballar per trencar les cadenes de Polònia, els socialistes russos es plantegen la generosa meta de destruir el règim militar, condició essencialment necessària per a l'alliberament general del proletariat europeu ".[9]
Certament algú podria adduir que tant en el cas d'Irlanda com en el de Polònia, les posicions de M i E van variar a lo llarg del temps. És cert, però no podent resumir aquí aquesta evolució[10]només puc respondre que quan vull valorar les posicions de qualsevol autor acostumo a concedir un plus de credibilitat a les posicions formulades en últim lloc.

2.- Engels i els pobles "sense història".

Esmentar únicament aquest aspecte més democràtic i internacionalista de les posicions de M i E seria unilateral. En 1848, tots dos establien una prioritat dels interessos de la revolució democràtica sobre la lluita dels pobles oprimits. Per exemple, donaven suport l'emancipació de Polònia, però no a la dels eslaus del sud. Prioritzaven la lluita contra l’imperialisme tsarista a qui consideraven la reserva estratègica de la reacció a Europa. Aquesta posició de caràcter tàctic va induir a Engels, en els escrits publicats a la Nova Gazeta Renana 1848, a considerar que els eslaus del sud i del centre d'Europa eren pobles reaccionaris i a denominar-los "pobles sense història": "Per pobles 'sense història pròpia' Engels entenia pobles que en el seu passat no van aconseguir crear un sistema estatal vigorós i de tal manera, segons Engels, ja no posseïen força per a obtenir la seva autonomia nacional en el futur".[11]Cal contextualitzar aquest episodi en el context de la revolució europea de 1848, i en el fet que tant el despotisme austríac com el rus van utilitzar a alguns d'aquests pobles (txecs, eslovacs, eslovens, croats, serbis, i ucraïnesos) com a tropes de xoc contra les revolucions democràtiques. Roman Rosdolski opina que en el rerefons d'aquestes posicions d'Engels podem percebre la sentor d’un cert supremacisme alemany, o bé d’un cert hegelianisme deformat aplicat a les relacions entre els pobles.[12]
Per la seva banda, Enzo Traverzo considera que: "... una tal concepció, que barreja el Volksgeistd'Hegel amb una versió pre-darwiniana de la selecció natural, no té equivalent en Marx. Durant les revolucions de 1848, aquest es limita a distingir entre 'nacions revolucionàries' i 'nacions contra-revolucionàries', amb una classificació descriptiva que s'absté de fer una valoració sobre el caràcter històricament viu o obsolet dels diversos grups nacionals ".[13]Per la seva banda Michael Lowy opina que: "... això aquesta actitud no estava relacionada de forma orgànica a una determinada filosofia 'evolucionista, economicista i eurocentrista', més aviat va ser el producte de la seva por obsessiu a la contrarevolució tsarista, així com de la instrumentalització del paneslavisme pel tsar. A partir que es comencen a materialitzar perspectives revolucionàries a Rússia (després de 1870), aquesta estimació negativa desapareix ".[14]
Tampoc em puc estendre aquí en el tema, però calia esmentar-com a contrapunt a visions massa simplistes del pensament de M i E sobre el fet nacional.

3.- Centralisme, estatisme i democràcia.

Contra la visió d'alguns "marxistes", la idea que M i E o Lenin es feien del socialisme distava molt de considerar progressista la centralització feudal dels Estats de l'absolutisme durant l'antic règim (com la de Felip V a Espanya o la de Lluís XIV a França), ni tampoc el centralisme re-instaurat per Napoleó, per la restauració borbònica de 1814 o per la tercera república francesa. Encara menys consideraven el centralisme com una de la característiques pròpies del socialisme.
Podríem citar llargament d’aquests posicionaments a Marx a La guerra civil a França(1871),[15]o a V.I. Lenin en L'Estat i la revolució(1917),[16], o en Contribució al problema de la nacions o sobre la "autonomització"(1922).[17]En aquests escrits, els nostres autors descriuen un model de socialisme que poc té a veure amb el desenvolupat en els països de l'anomenat "socialisme real" durant el segle XX. Amb la caiguda del socialisme "irreal" allò que s'ha esgotat no són les idees de Marx i Lenin sobre el socialisme, la democràcia i la qüestió nacional. El que ha estat irremissiblement amortitzat per la història són l'estatisme i el centralisme burocràtics.
Recomano la lectura de les obres citades i em limito aquí a citar un pas menys conegut i encara menys reconegut d'Engels, en la seva crítica al programa d'Erfurt (1891): "Així doncs, república unitària. Però no en el sentit de la present República francesa, que no és altra cosa que l'Imperi sense l'emperador fundat el 1798. De 1792 a 1798, cada departament francès, cada comunitat posseïen la seva completa autonomia administrativa, segons el model nord-americà, i això hauríem de tenir també nosaltres. Amèrica del Nord i la primera República francesa ens han mostrat i provat com s'ha d'organitzar aquesta autonomia i com es pot prescindir de la burocràcia ... ".[18]
L'anti-estatisme i l'anti-centralisme burocràtic del vell Engels es materialitzava quan proposava incloure en el programa la següent mesura: "Administració autònoma completa a la província, el districte i la comunitat a través de funcionaris elegits sobre la base del sufragi universal. Supressió de totes les autoritats nomenades per l'Estat". Es poden resseguir en les obres citades de Marx, Engels i Lenin, multitud de mostres d'aquest anti-centralisme. Ens trobem també davant d’una proposta de caire normatiu, ben allunyada d’aquella simplificació que fan servir alguns nacionalistes de nacions grans que identifiquen el progressisme amb el centralisme.

4.- Classe, nació i hegemonia en el Manifest Comunista.

Amb massa alegria i inconsistència se sol citar la frase del Manifest del Partit comunista (1848) que diu: "Els obrers no tenen pàtria", com si resumís el pensament de Marx respecte del fet nacional. No obstant això, aquesta frase no té un caràcter normatiu i encara menys és una desiderata sobre un "haver de ser" de la classe obrera predicat o inventat per "algun redemptor de la humanitat". Per contra M i E consideraven que "Les proposicions teòriques dels comunistes .... Són totes expressió generalitzada de les condicions materials d'una lluita de classes real i vívida, d'un moviment històric que s'està desenvolupant a la vista de tots". L'afirmació que "els obrers no tenen pàtria" no fa altra cosa que descriure una situació de fet: l'expropiació, l'alienació soferta pel proletariat que era i és exclòs de la ciutadania, que és un ilota, un metec o un esclau a la polis. Cal recordar aquí que en el context de la democràcia revolucionària de 1848 la pàtria és la polis, és a dir el conjunt del ciutadans. Res a veure amb la pàtria nacionalista i molt menys feixista.
Així doncs, l'afirmació que l'obrer no té pàtria no es limita a allò anunciat per Enzo Traverzo: "La resposta que Engels, amb Marx, proposa consisteix a superar aquestes divisions recolzant-se en els interessos comuns dels treballadors i dels explotats més enllà de les fronteres nacionals: és precisament en aquest sentit que "els obrers no tenen pàtria". En el pla històric concret, aquestaAufhebung[19]dialèctica de les ruptures nacionals no es farà, però sense problemes. L'experiència de la revolució russa, amb la dislocació de l'antic imperi multinacional, la independència de Finlàndia i dels Països bàltics, el naixement d'una federació de repúbliques, l'esclat de diverses guerres civils i les "sovietitzacions" forçades que es van desprendre han aportat llargament la prova".[20]L’assumpte és bastant més complex d’allò que ens assenyala Traverzo.
Per comprovar allò que afirmo només cal llegir completament aquest paràgraf del Manifest: "També s'ha retret als comunistes que volien abolir la pàtria, la nacionalitat./ Els obrers no tenen pàtria. No és possible llevar-los allò que no tenen. Ja que el proletariat encara ha de conquerir en primer terme, l'hegemonia política, elevar-se a classe nacional,[21]constituir-se a si mateix en nació, encara és nacional, tot i que de cap manera en el sentit que li dóna burgesia./ Les segregacions i contradiccions nacionals dels pobles desapareixen cada vegada més ja amb el propi desenvolupament de la burgesia, amb la llibertat de comerç, amb el mercat mundial, la uniformitat de la producció industrial i les condicions de vida corresponents a ells./ L'hegemonia del proletariat les farà desaparèixer encara més. L'acció unificada, si més no en els països civilitzats, és una de les condicions primordials del seu alliberament. En la mateixa mesura que es deroga l'explotació d'un individu per un altre, es deroga l'explotació d'una nació per una altra ".[22]
El resum és clar i no seré jo qui el faci. Ho va fer fa bastants anys Pierre Vilar: "Analitzem: 1) la nació existeix. 2) És un fet polític. 3) Tota classe dominant s'erigeix en classe nacional. 4) Tota classe nacional s'identifica amb la nació. 5) La burgesia ho ha fet; el proletariat pot pretendre fer-ho. 6) El fet nacional pot canviar de sentit, segons la classe que l’assumeixi ".[23]
Aquesta problemàtica oberta pel Manifest desemboca en el tema de l'hegemonia, que és tema leninista i gramscià per excel·lència, però que no van inventar ni Lenin ni Gramsci. En el Manifest comunista queda clar que la constitució del proletariat en classe exigeix l'assumpció de la tasca de la conquesta hegemonia en el marc nacional de la lluita de classes. Aquest serà un element central de la concepció leniniana sobre la qüestió nacional, lluny de l’esquematisme de Rosa Luxemburg, per exemple.
Abans de tancar aquest apartat convé reiterar ar que per a M i E, la nació, el poble, la pàtria no tenen de cap manera un contingut essencialista, ni etnicista sinó que es corresponen amb una formació històrico-política que es desenvolupa sota el capitalisme i que ha de ser tractada com a tal.[24]

5.- Contingut i forma de la lluita del proletariat.

En un altre pas del Manifest comunista s’afirma: "Per la seva forma, encara que no pel seu contingut, la lluita del proletariat contra la burgesia comença sent nacional. És lògic que el proletariat de cada país acabar primer els comptes amb la seva pròpia burgesia".[25]En aquesta simple fórmula del Manifest trobem la relació dialèctica entre objectius internacionalistes i marc nacional de la lluita de classes que explica per exemple les posicions de Lenin en els debats sobre organització del POSDR en 1903, així com les seves posicions sobre la qüestió nacional, abans i després de la revolució.
En resum, en els escrits de M i E sobre la qüestió nacional podem trobar tant criteris metodològics per a l’anàlisi de les formacions socials i de les conjuntures polítiques, com criteris normatius de caire ètic-polític. És a dir, principis en que l’ideal del socialisme es fon amb l’ideal de la democràcia. Sens dubte, aquests principis democràtics van informar la defensa del dret d’autodeterminació per part de la Segona Internacional en el seu segon congrés de 1896, o les posicions de Lenin front la realitat multinacional i colonial de l'imperi tsarista en què actuaven i que desitjaven transformar.
Posaré un exemple d'aquesta influència alhora metodològica i normativa. En una nota escrita l’any 1916, que fou trobada entre els papers de Lenin i publicada pòstumament en l'edició de 1937 de les OC diu:
"Hi ha certa similitud entre la forma en què la humanitat ha d'arribar a la supressió de les classes i la forma en què ha d'arribar a la posterior unió de les nacions. A saber: a la supressió de les classes s'arriba a través de l'etapa de transició de dictadura de la classe oprimida. A la unió de les nacions només s'arriba a través de l'alliberament de les nacions oprimides, de l'autèntica extirpació de l'opressió nacional, i l'enfocament d'aquesta realitat amb un criteri polític consisteix precisament en la llibertat de separació. La llibertat de separació és el millor i l'únic mitjà polític contra l'estúpid sistema de petits Estats i l'aïllament nacional que, per a la sort de la humanitat, és inevitablement destruït pel desenvolupament del capitalisme ".[26]
Separar per unir, praxi dialèctica, procés històric-concret. Combinació no igualada encara entre principis i realisme polític. Una proposta comprensible tan sols per a esperits no mecànics, ni positivistes, ni evolucionistes, és a dir, per a esperits dialèctics, és a dir, revolucionaris. Un proposta incomprensible també per a nacionalistes de qualsevol pelatge. 


Bibliografia usada


AAVV (Georges Haupt, Michaël Löwy, Claudie Weil, Les marxistes et la question nationale, 1848-1914, Paris, L’Harmattan,1997. Primera edició: Paris, Maspero, 1974.
AAVV (Immanuel Wallerstein y Etienne Balibar), Raza, nación y clase, Madrid, IEPALA. 1991.Primera edició en francès: Paris, La Découverte, 1988.
Kevin B. Anderson, Marx aux antipodes. Nations, ethnicité et sociétés non occidentales, Paris, Syllepse, 2015. Primera edició en anglèsMarx at the margins, University of Chicago Press, 2010.
Michael Löwy, Patries ou planète? Nationalismes et internationalismes de Marx à nos jours, Cahiers Libres, Editions Page deux, Lausanne, 1997.
Karl Marx y F. Engels, Artículos en la Nueva Gaceta Renana, Obras de Marx y Engels (OME) 9 y 10, Barcelona, Grupo Editorial Crítica, 1978 y 1979 respectivamente.
Karl Marx y F. Engels, Acerca del colonialismo, Moscú, Editorial Progreso, 1970’s (aprox.).
Karl Marx y F. Engels, La revolución en España, traducción de Manuel Sacristán, Barcelona, Ariel, 1960, 1966 y 1970.
Karl Marx y F. Engels, La revolución en España. Artículos, Moscú, Editorial Progreso, 1978.
Maxime Rodinson,Le marxisme et la nation, en L’homme et la société, janvier-mars, 1968, nº 7,
Roman Rosdolski, El problema de los pueblos sin historia, editorial Fontanamara, Barcelona 1981.
Joan Tafalla, Los bolcheviques y la deconstrucción del imperio zarista (Esbozo) in AAVV, La revolución rusa de 1917 y el estado. Del consejo de Comisarios del Pueblo a la NEP(1917-1921), Vilassar de Dalt, Editorial El Viejo Topo, 2018.
Enzo Traverzo, Friedrich Engels et la question nationale, in AA.VV. Friedrich Engels, savant et révolutionnaire, sous la direction de Georges Labica et Mirielle Delbraccio, Paris, Actuel Marx Confrontation/PUF, 1997




[1]Intervenció de Joan Tafalla a la Jornada “Marx, 200 anys”, organitzada per EUiA, Esquerra Europea, Fundació l’Alternativa, Fundació Revolució democràtica i Socialisme sense fronteres al pati Llimona de Barcelona el dia 19 de desembre de 2018. Abreviatures usades: M i E: Marx y Engels; OME, obres de Marx i Engels, editorial Grijalbo; OEME: Obres escollides de Marx i Engels, Moscou, Editorial Progreso, (1981); OC: Obres completes de V.I. Lenin Moscou, Editorial Progreso,(1985).
[2]Antonio Gramsci, Quaderns de la Presó, nº 6, § 198.Agraeixo a Nando Zamorano que m’hagi fet notar aquesta nota.
[3]Antonio Gramsci, Quaderns de la Presó, nº 16 (XXII), 1933-1934, Temes de cultura§ 1, Qüestions de mètode.
[4]Antonio Gramsci, loc. cit.
[5]Karl Marx, Extracte d’una comunicació confidencial, 28 de març de 1870. Es tracta d’una circular en que Marx polemitza contra la influència bakuninista en el Consell federal de l’AIT de la Suïssa francesa. Els bakuninistes no comprenien la importància del moviment d’ alliberament nacional irlandès i la seva relació amb la lluita del proletariat anglès. In: OEME, 1976, Tomo II, pág. 187.
[6]Maximilien Robespierre: Declaració dels drets de l’home i del ciutadà proposada per Maximilien Robespierre, impresa per la convenció nacional, 24 de abril de 1793, articl XXXVI, a Por la felicidad y por la libertad. Discursos(2005), p. 202.
[7]Karl Marx, Extracto..., ob cit., p. 186-187.
[8]Karl Marx, Extracto..., ob cit., p. 187.
[9]Karl Marx, El consell general de l’AIT als membres de la secció russa a Ginebra, 24 de març de 1870. OEME, 1976. Tomo II, p. 182.
[10]Dues magnifiques obres ens permeten estudiar aquesta evolució:AAVV (Georges Haupt, Michaël Löwy, Claudie Weil, Les marxistes et la question nationale, 1848-1914, Paris, L’Harmattan,1997. Primera edició: Paris, Maspero, 1974, i Kevin B. Anderson, Marx aux antipodes. Nations, ethnicité et sociétés non occidentales, Paris, Syllepse, 2015. Primera edició en anglèsMarx at the margins, University of Chicago Press, 2010.
[11]Roman Rosdolski, El problema de los pueblos sin historia, editorial Fontanamara, Barcelona 1981, pág. 8.
[12]El propio Rosdolski no deja de ver en estas posiciones un episodio de un proceso de aprendizaje/ error en Marx y en Engels, proceso que llevaría hasta la posiciones de Lenin sobre la cuestión nacional: “No es maravilla que a Lenin le fuese dado superar las unilateralidades tanto de la concepción engelsiana como también de la bakuniniana y tender un puente entre ellas”, ob.cit., pág. 164.
[13]Enzo Traverzo, Friedrich Engels et la question nationale, in AA.VV. Friedrich Engels, savant et révolutionnaire,sous la direction de Georges Labica et Mirielle Delbraccio, Paris, Actuel Marx Confrontation/PUF, 1997, p. 210.
[14]Michael Löwy, Patries ou planète? Nationalismes et internationalismes de Marx à nos jours, Cahiers Libres, Editions Page deux, Lausanne, 1997.
[15]OEME 1976, tom 2, pàgines 214-259.
[16]OC, tom 33.
[17]OC, tom 45, Editorial Progrés, 1987.
[18]Federico Engels, Contribución a la crítica del programa socialdemócrata de 1891, escrito entre 18 y 29 de junio de 1891, más conocido como Crítica al programa de ErfurtOEME, tomo 3, pp. 450-461.
[19]En alemán, superación.
[20]Enzo Traverzo, ob.cit., p. 206.
[21]Engels corregí aquesta frase l’edició de 1888 del Manifest Comunista: “a classe dirigent de la nació”. Cal deixar constància d’aquesta referència a l’hegemonia, concepte que, com tothom pot comprovar, apareix dues vegades a aquestes mateixes planes del Manifesto. 
[22]Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunistaen OME, Tomo 9, Ed. Critica, Grupo editorial Grijalbo, Barcelona, 1978, pág. 154.
[23]Pierre Vilar, Sobre els fonaments de les estructures nacionals, en Estat, nació, socialisme,Barcelona, Curial, 1981.
[24]Maxime Rodinson,Le marxisme et la nation, enL’homme et la société, janvier-mars, 1968, nº 7, p. 133.
[25]Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista, loc.cit.
[26]V.I. Lenin, Comentario a las tesis. La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación, escrito entre enero y febrero de 1916, publicado por primera vez en Leninski Sbórnik XXX, 1937, in OC, t. 23, p. 256.