dimecres, 25 d’agost del 2010

La diputada Camats y el arte de gobernar.

Por Joan Tafalla[1]

Socialicemos previamente la información:

  1. Felix Vivanco entrevista a Dolors Camats, diputada de IC-Verds ( “La Vanguardia”, 18 agosto de 2010), fragmento:

Pregunta: Saint Just dijo que todas las artes producen maravillas y que el arte de gobernar sólo ha dado monstruos.¿Usted qué tiene de artística y que tiene de monstruo?

Respuesta: Lo único artístico que tengo es que sé improvisar y lo único de monstruo es que no tengo paciencia. Pero discrepo de Saint-Just, creo que en la política hay muchos héroes, y no son famosos. Hablamos de concejales y alcaldes, gente que lo hace muy bien.

  1. Saint-Just: Todas las artes han producido sus maravillas: el arte de gobernar sólo ha producido monstruos; hemos buscado con atención nuestros placeres en la naturaleza y nuestros principios en nuestro orgullo[2]. Discurso sobre la constitución de Francia, 24 de abril de 1793.

No podemos afirmar que el periodista haya leído la frase del demócrata francés en alguna recopilación de frases célebres al uso internet, cómo tampoco podemos negar que realmente haya leído el discurso de Saint-Just sobre la constitución de Francia. Lo cierto es que no es corriente en la prensa del país, sea pro-convergente, sea pro-socialista, un nivel como el exhibido por Vivancos a la hora de administrar la tópica regañina a la diputada de IC-V por el hecho de gobernar. No se suele acudir a antecedentes cultural-políticos de prestigio, a los clásicos de la democracia y, por ende, del socialismo[3], como es el caso. Imaginemos que el periodista pensaba con esta alusión culta sintonizar con la diputada, a la que suponía al corriente de quien fuera demonios era Saint-Just y del contexto en que el demócrata francés dijera tal cosa. Admitamos finalmente, que Vivanco haya reproducido bien la respuesta de la diputada, que no la haya reducido o modificado.

Si la respuesta de la diputada fuera otra, quizás esta nota del historiador de guardia, fuera sobrera. Pero no conocemos, aunque no descartamos, alguna corrección o protesta de la diputada Camats por el redactado aparecido en La Vanguardia.

Leamos con atención la respuesta de Camats y, como es de costumbre en nuestro oficio, subrayemos y hagamos anotaciones al margen, que esperan no ser marginales. Dejemos de lado, por irrelevante, la primera frase de la respuesta que hace referencia a las condiciones artísticas o monstruosas de la diputada. Centrémonos en la segunda parte de la respuesta. Anotemos nuestras impresiones.

  • La diputada afirma discrepar de alguien a quien apenas conoce. Quizás la periodística mención del diputado convencional y miembro del Comité de Salud pública entre el 12 de junio de 1793 y el 26 de julio de 1794 ( Thermidor) le haya recordado un nombre que, con un poco de suerte, “salía” en la lección de bachiller en que se hablaba de la Revolución francesa. De conocer su obra, su respuesta hubiera sido muy otra, aunque sólo fuera para discrepar del demócrata Saint-Just y para exponer la versión liberal-representativa de la política sustentada por su formación política[4].
  • Contraponer el buen[5] hacer de algunos alcaldes y concejales a la frase de Saint-Just sobre las maldades del arte de gobernar, no deja de subrayar la enormidad del vacío de cultura política de la diputada Camats y de la formación política donde milita. Permítaseme una pizca de sarcasmo: que Camats discrepe de Saint-Just con ese argumento es como si discrepase de una frase suelta de Stephen Hawking sobre la configuración del universo, arguyendo la disposición de las estrellas en el papel pintado que se suele colocar como paisaje en los pesebres.

No pretendo que todo militante de izquierdas sea historiador o filósofo de la política. Sería una pretensión tan estúpida, como inútil. Los históricos militantes comunistas, socialistas, anarquistas, mayoritariamente obreros y campesinos a quienes su condición de clase les había negado la asistencia a una escuela democrática y de calidad, apenas sabían leer ni escribir. Sin embargo sabían de historia, sabían de filosofía, tenían cultura política y conciencia de pertenecer a una determinada tradición. Sabían lo suficiente de todo ello, por que se esforzaban en aprender de forma auto-didacta, y por que las organizaciones a las que pertenecían dedicaban gran atención a su rol de transmisión de su tradición. Y dedicaban también mucha atención a combatir la penetración de la cultura de las clases antagónicas en el interior de la organización y en su espacio social. Creaban, defendían y organizaban una determinada cultura política que se pretendía antagónica a la cultura de las clases dominantes.

Lo que intento es remarcar la cesura radical, la ruptura epistemológica entre la tradición democrática y socialista nacida con la revolución francesa y desarrollado durante los siglos XIX y XX, y la cultura política de la diputada Camats y de la formación política en que milita. He hablado de vacío de cultura política de IC-V. No deja de ser un error por mi parte: en cultura, como en la naturaleza, no hay vacío. El espacio dejado por un cuerpo determinado es ocupado irremisiblemente por otro. La vaciedad post-moderna, el pensiero debole de IC-V y de sus adláteres[6] de EUIA, no es tal. No existe el vacío en política, todo campo dejado en barbecho es ocupado por las semillas de especies vegetales provenientes de los campos o bosques cercanos.

Yendo al grano ¿A qué venía la frase de Saint-Just contra el arte de gobernar?

Notemos en primer lugar que la frase no dice no deba existir gobierno, ni que todos los gobiernos sean intrínsecamente monstruosos, ni que la izquierda no deba participar a ningún precio en un gobierno. Nada de esto era un problema para Saint-Just, para Robespierre, para Couthon, para Gilbert Romme, para Soubrany, para Coupé de l’Oise, para Babeuf o para Buonarroti[7]. Lo que preocupaba a todos ellos era cosa bien diferente: era la capacidad del poder ejecutivo, la capacidad de los gobiernos para defraudar las promesas de la filosofía, las promesas de la Declaración de Derechos, las promesas de las Constituciones. Lo que les preocupaba era la capacidad de los gobiernos para incumplir, para adulterar, para anular los acuerdos de la representación nacional. Lo que les preocupaba era la facilidad con que un gobierno podía hacer que un derecho se transformara en cantidad irrisoria. Lo que les preocupaba era la capacidad del poder ejecutivo para secuestrar la soberanía nacional. Lo que les preocupaba era la utilización del arte de gobernar para tiranizar al pueblo soberano.

La pretensión de las intervenciones de Saint-Just, de Robespierre, de Gilbert Romme, de Coupé en el debate constitucional de 1793 era reducir al mínimo las competencias del poder ejecutivo, dividirlo, repartirlo en los diversos escalones de la administración, controlarlo permanentemente y muy de cerca, hacerle rendir cuentas asiduamente, articular aquellos mecanismos que permitieran a la representación nacional obligar al gobierno a cumplir sus acuerdos. En pocas palabras reducirlo al rol de poder ejecutivo, es decir al rol de simple ejecutor de las decisiones de la representación nacional. A ninguna de ellos se les acudiría la majadería antidemocrática de equiparar el poder del legislativo al del ejecutivo y aún menos que el judicial fuera independiente de la voluntad popular.

La constitución de junio de 1793 fue, finalmente, producto de un compromiso entre el sector más democrático de la Montaña con otro sector más moderado, más cercano a las posiciones del proyecto inicial presentado en febrero por Condorcet. Una lectura desinteresada y atenta del discurso de Saint-Just, así como de la propuesta de declaración de los Derechos ( 24 de abril 1793) y el discurso sobre la Constitución (10 de mayo de 1793) de Robespierre[8] y de la propia Constitución de 1793[9], quizás produjera cambios fructíferos en la cultura política de las izquierdas. Quizás permitieran volver a conectar con una tradición democrática y republicana que a través de Buonarroti, de Bronterre O’Brien, de Laponneraye o Blanqui llegaron a Marx, a Engels, a Kropotkin y a las diversas corrientes democráticas y socialistas del siglo XIX. Quizás ayudara a superar la inmensa cesura impuesta por la codificación del marxismo realizada por Kautsky. Quizás permitiera que se comprendieran las enigmáticas menciones de Lenin y Gramsci al jacobinismo. Quizás permitieran comprender la política de Frentes populares como una resurgencia del republicanismo democrático y popular. Quizás ayudara a la izquierda a comportarse como una fuerza democrática y socialista con proyecto y tradición autónoma, quizás ayudara a abandonar el papel de farolillo rojo ( o verde) del tren del sistema liberal-representativo que gestiona y protege los intereses de la oligarquía.

Quizás... Aunque no es probable que suceda. El calendario electoral aprieta,... como siempre. La diputada Camats, su partido y sus secuaces[10] de EUIA no tienen tiempo para esas collonades.


[1] Historiador de guardia en agosto.

[2] SAINT-JUST, Louis Antoine, La libertad pasó como una tormenta. Textos del período dela revolución Democrática Popular. Edición de Carlos Valmaseda. Barcelona, Editorial El Viejo Topo, 2006. Texto en francés: Tous les arts ont produit leurs merveilles: l’art de gouverner n’a presque produit que des monstres; c’est que nous avons cherché soigneusement nos plaisirs dans la nature, et nos principes dans notre orgueil. En: SAINT-JUST, Oeuvres complètes, Édition établie et présentée par Annie Kupiec et Migual Abensour. Paris, Gallimard, 2004.

[3] Escribamos este anacronismo ( de Saint Just como precedente del socialismo), abusando un poco de la indulgencia del lector del que espero un poco de complicidad. Es sabido que la nunca aplicada constitución francesa de 1793, en la que la mano de Saint-Just es evidente, fue durante gran parte del siglo XIX el programa de los demócratas y de los socialistas. Por eso el anacronismo.

[4] Repitamos: es una impresión procedente el tenor de la respuesta y de un prejuicio mío, producto de la observación y del padecimiento del comportamiento político de IC-V y de sus adláteres de EUIA en los últimos quince años.

[5] Continuemos suponiendo.

[6] DRAE: “Persona subordinada a otra, de la que parece inseparable”.

[7] Por mencionar solamente algunos nombres pertenecientes a una determinada movida, a pesar de sus discrepancias tácticas.

[8] Se puede encontrar en castellano en Robespierre, Maximilien, Por la libertad y por la felicidad, antología de textos y discursos a cargo de Yannick Bosc, Sophie Wachnich y Florence Gauthier, traducción Joan Tafalla, Barcelona, Ed. El Viejo Topo, 2007, pp. 194-219.

[9] Se puede encontrar un extracto y un buen resumen del debate en CASTELLS, Irene, La revolución francesa, Madrid, Ed. Síntesis, 1997

[10] DRAE: “Que sigue el partido, doctrina u opinión de otro”.

2 comentaris:

  1. Joan, encuentro muy interesante y fructífero este alegato a una buena democracia, recordando los principios de la revolución francesa. Pero me parece rizar el rizo aprovechar la respuesta de Dolors para avalanzarte sobre ella y su partido como lo haces. No pretendo defender ICV, ni su secuaz EUiA, pero normalmente encuentro pobres las críticas que se hacen a ellos. La que mas me gusta de las críticas es que los consideren comunistas.
    Zímon Rodríguez

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  2. De acuerdo Zimon, yo también temía que pudiera parecer un rizar el rizo.
    Pero lo escribí y lo publiqué porque me parece necesario precisamente señalar dos fenómenos:
    1.- La ruptura cultural e ideológica entre la práctica política y social de ICV y de EUIA en relación a la tradición de la democracia y del socialismo.
    2.- Resaltar que una democracia real es imposible bajo el capitalismo y que gobernar bajo este sistema comporta una pérdida absoluta de identidad para la izquierda.
    A partir de lo que comentas, quizás no haya conseguido mi objetivo.
    Gracias por tu comentario

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