dilluns, 3 de setembre del 2018

SOBRE EL ARTE DE NO PONER TODOS LOS HUEVOS EN EL MISMO CESTO


El presidente de la Generalitat con el presidente del Círculo de Economía en la XXXIV reunión anual  del CE, Sitges 31 de mayo de 2018.

Joan Tafalla
(Versión en castellano )[1]


"La burguesía no pone nunca todos 
los huevos en el mismo cesto"
Josep Serradell "Roman", en conversación
  con un servidor, hace unos treinta años.

El deslumbramiento producido por la retórica política suele impedirnos tener una visión de conjunto del conflicto, captar la dinámica, el ritmo de desarrollo, la dirección de marcha, los objetivos reales del contendientes y las sucesivas modificaciones de las correlaciones de fuerzas .
El próximo otoño estará llena de retórica cegadora. Por un lado, nos deslumbrarán las brutales actuaciones de un estado profundo e integral que considera la sagrada unidad e indivisibilidad de la patria española como algo eterno, natural, sagrado, imprescindible e intangible. Pedro Sánchez declara su intención de des-escalar el conflicto y de abrir vías a un pacto entre las élites, pero las acciones de este estado profundo, de este post-franquismo que se nos está haciendo tan y tan largo pondrán a prueba la consistencia de su voluntad. Los procesos de los presos políticos, de los alcaldes y de los representantes de las entidades soberanistas ritmarán el conjunto del otoño. Ligado a esto, las provocativas acciones de la extrema derecha contra la libertad de expresión del movimiento independentista y la subasta entre el PP o Ciudadanos por la primacía en la defensa de sus valores patrios serán nuevos palos en las ruedas del intento de des-escalar el conflicto.
También nos deslumbrarán las acciones de ese sector de la clase política catalana que ha perdido el rol de partido orgánico, representativo y mediador de las clases dominantes y dirigentes radicadas en Cataluña. El cesarismo de Puigdemont transformará otoño en una nueva fase de la larga campaña electoral (llamada proceso). La lucha por la recomposición de la representación política de la burguesía radicada en Cataluña se hará por los senderos de la radicalidad. cosa que no gusta ni a Fomento del Trabajo Nacional, ni al Círculo de Economía.
Tras su triunfo aplastante en el congreso del PDCAT, Puigdemont y su vicario en la tierra harán esta campaña electoral de una manera des-acomplejada: o yo, o el diluvio! Chantaje, presión, ataques irrespetuosos contra el disidente, OPA’s contra ERC, robo del electorado a la CUP (como en parte ya ha sucedido) ... Todo bajo el signo de las prisas, del ahora o nunca, de la ilusión de conseguir un objetivo que ellos saben ficticio: implementar una inexistente república catalana. Una república que, en el momento decisivo, tanto los unos como los otros dejaron en una declaración retórica, en un acto teatral vacío de contenido, de acción y de voluntad.
El 27 de octubre Puigdemont tenía un pacto con el PP de Rajoy, mediado por el PNV y por el PSOE. El pacto traicionaba la retórica pública usada tras la sustitución de Artur Mas y, sobre todo traicionaba al movimiento popular que había hecho posible el 1 de Octubre. Nada nuevo bajo el sol: es el mismo modus operandide las clases dirigentes catalanas desde hace casi cuatrocientos años. Pero la aplicación de ese pacto era complicada. Una vez has estimulado a las multitudes y éstas toman las calles, los pactos no son fáciles, necesitan un largo tiempo de digestión. Así que una vez expuesto a la crítica acerba de otros sectores políticos en competencia, Macià le petit, optó por el coitus interruptus: proclamación retórica, ninguna medida práctica real y refugio en el extranjero. Como dice la naíf y recién llegada al gran juego, Clara Ponsati: ir de farol. Sólo la dureza intransigente de un estado profundo personificada en el ensañamiento jurídico de Llarena transformaron un tacticista en mártir de la patria. Si Puigdemont y los suyos pretenden sinceramente que el 1 de octubre otorgaba la legitimidad por una proclamación unilateral de la república catalana, que motivó la jornada del 27 de octubre? Qui prodest?

¿Pero existe una burguesía independentista?

Existe un mito compartido tanto por la izquierda independentista como por la izquierda autonomista, recientemente auto-re-descubierta como federalista. Es el mito de la existencia de una burguesía catalana independentista. Se trata de un fetiche instrumental: las clases dominantes y dirigentes catalanas no han sido ni son independentistas. En su inmensa mayoría, por supuesto. Sólo hay que dar un vistazo a las páginas web de Fomento de Trabajo Nacional ( de España, off course), del Círculo de Economía, del Círculo Ecuestre, del Círculo del Liceo, de la Sociedad de Estudios Económicos, de la Sociedad Barcelonesa de Amigos del País o del recientemente creado Club Alexis de Tocqueville, o escuchar  a algunos asiduos a la actual lonja del Barça, para comprobarlo. O leer el monárquico diario del conde de Godó, o El Periódico, o ver o escuchar Atresmedia Corporación, propiedad de una importante familia burguesa catalana. O leer la "Opinión del Círculo de Economía" presentada en su XXXIV Reunión (Sitges, 30 de mayo): "Propuestas para modificar el autogobierno de Cataluña y el funcionamiento del modelo territorial de Estado”.[2]
Entonces, ¿a qué viene la gesticulación radical de los ganadores del congreso del PDCAT? A quien aspira a representar la nueva generación de clase política post-convergente que vemos brotar ante nuestros ojos? Nos creeremos la patraña de que ya no aspiran a representar las viejas clases dominantes y dirigentes catalanas? ¿Nos tragaremos la bola de que se han pasado al bando de las masas populares? No sé si el amigo lector cree en milagros. Yo, hace algún tiempo que soy un descreído. Considero que el objetivo táctico de Puigdemont es: primero derrotar/absorber a los sectores de izquierdas y democráticos del movimiento popular independentista, para después subordinarlos a su proyecto, que no es precisamente, la independencia, sino una salida negociada.
El movimiento popular independentista, en el que hasta ahora han sido mayoritarios los perfiles más democráticos, progresistas y transformadores, ¿se dejará hegemonizar y cooptar por este cesarismo rampante y por su estrategia falsaria de "cuanto peor, mejor"? Es pronto para saberlo.
Por mi parte, en mis más de cuatro décadas de experiencia política he aprendido algunas cosas. Uno de ellas es esta: las clases dominantes y dirigentes de este nuestro pequeño país consideran el ejercicio de no poner todos los huevos en un mismo cesto como una de las bellas artes.

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