Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Transición. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Transición. Mostrar tots els missatges

dimecres, 4 de febrer del 2009

Izquierda y transición

Arqueologia ideologica,
de Lorenzo Cordero

El ojo del tigre
Hay una pregunta que casi nadie se atreve a hacer: ¿Qué hicieron con la histórica izquierda durante el proceso de la Transición?. Y la respuesta, que tampoco nadie se compromete a buscar -aunque solo sirviera para evitar extraviarse en este intrincado bosque político, que es la moderna democracia española-, resulta dificilísima de encontrar. Entre otras causas, porque se trata de una indagación que les molesta mucho a quienes colaboraron eficazmente para conseguir desamortizarla antes de penetrar en el bosque encantado de la democracia parlamentaria.
No es rentable, ni social ni políticamente, intentar averiguar hoy lo que le ocurrió a la izquierda durante ese paréntesis cronológico que se abrió, aproximadamente, a mediados de los años 50 y se cerró en la década de los 80 del siglo pasado -es decir, ayer por la tarde-; probablemente, poco después de 1982.
Para intentar averiguarlo, no solo sería necesario hacer excavaciones arqueo-ideológicas únicamente en el profundo y compacto estrato granítico de la derecha ultraconservadora, con el fin de obtener restos del mobiliario prehistórico del antiguo movimiento obrero, sino que sería necesario complementarlas profundizando en las capas geopolíticas de los dos partidos que, por lo menos, hasta después de 1977 representaban gran parte de los restos ideológicos de aquella izquierda que luego se sumió en el agujero negro que se abrió debajo de sus pies el 18 de julio de 1936. Me estoy refiriendo al PSOE y al PCE. Concretamente: al PS(O)E y a IU.
Hablo de la izquierda obrera por una razón histórica fundamental: porque ella fue, en los años de la calamitosa climatología fascista que alteraba la convivencia en la sociedad europea occidental, la que -con su movimiento de clase obrera- constituyó el perfil sociológico más acentuado, y característico, de aquella lejana izquierda española. Hay indicios suficientes para sospechar que los partidos que, durante la Transición, se autoproclamaban sus representantes, fueron quienes en las vísperas del camaleónico cambio colaboraron activamente para desamortizar aquella izquierda del movimiento obrero porque no tenía sitio en el prometido pluralismo democrático. Un pluralismo que no solo fue un señuelo electoralista, sino que era -y lo sigue siendo- el mejor soporte social para una resucitada monarquía hereditaria, que necesitaba urgentemente un pedestal político para asentarse sólidamente.
Al mismo tiempo que le echaban los cimientos al neorrégimen dinástico, a la ciudadanía se la sometía a un nuevo sistema caciquil: el de las oligarquías de los partidos mayoritarios, que son los actuales protagonistas de la trama neorrestauracionista: el bipartidismo. Que, en su esencia pura, es un simple dualismo político (partidista), pero de ninguna manera ideológico.
Hablar actualmente de la izquierda en España es un vano esfuerzo semántico. Al nuevo Estado -sustituto del Estado franquista-, también se le mantiene en pie con una estructura política -incluso, ideológica- que se inicia arriba y desciende orgánicamente hacia abajo. En eso consiste la democracia vertical que oxigena el sistema postransitivo.
Ahora mismo, no solo es inútil invocar a la izquierda; es que además es una invocación enojosa. Sobre todo, para los protagonistas relevantes del episodio democrático tan superferolítico. Preguntar qué pasó con el clásico movimiento obrero es una moda camp; un molesto entretenimiento arqueológico que solo les interesa a los desocupados y a los resentidos.
Molesta muchísimo también que alguien intente indagar a dónde fue a parar el espíritu de aquella izquierda ilustrada, que pretendió democratizar el país con una República liderada por intelectuales ateneistas, apoyados por los maestros de escuela que habían hecho suyas las ideas pedagógicas de la Institución de Libre Enseñanza. Cómo será el malestar que les provoca a los mandarines de la moderna democracia, que hasta son capaces de hacer lo imposible para impedir que se creen asociaciones republicanistas. Un ejemplo: el proyecto de fundar una asociación con el nombre de José Maldonado -el último presidente de la República española en el exilio- permanece encallado en los arrecifes de un absurdo burocratismo político…
Esto sólo ocurre en un país en donde los políticos no son monárquicos, sino juancarlistas enragés… Así son los nuevos centauros de la democracia de las libertades. He aquí otro (moderno) rasgo sociológico para completar definitivamente el perfil político de los españoles que ya caminan por el siglo XXI, aunque portando en su mochila los vicios sociales y políticos de los siglos XIX y XX.
Por lo visto hasta ahora, ser de izquierda -sobre todo, de izquierda obrera- en este novísimo país capitalista (y de las JONS) es ser, de hecho, un fósil que no sirve ni tan siquiera para exponerlo en una vitrina del pedagógico -y turístico- Parque de la Prehistoria de Teverga.
Lorenzo Cordero. Periodista.
4 febrero

dilluns, 2 de febrer del 2009

Etnografía de la Transición


Ferran Gallego Margalef
El mito de la transición. La crisis del franquismo y los orígenes de la democracia (1973-1977)
Barcelona: Crítica
Reproducido del blog de: Josep Mª Comelles 
Hace muchos, muchos años, el periodista e historiador ocasional Gregorio Morán escribió El precio de la Transición (1991) un relato durísimo sobre la historieta, que no Historia, de la llamada transición española. Diecisiete años después Ferran Gallego da una nueva vuelta de tuerca, necesaria, indispensable para entender de donde venimos, quienes somos y donde estamos. Si Morán, metido en los sesenta pertenece a la generación, digamos de los Felipe González, Gallego, como yo, pertenecemos a otra. Yo nací casi en el 1950, él en 1955 de modo que éramos demasiado jóvenes para considerarnos protagonistas, aunque creo que ambos fuimos buenos observadores, y quizás ahora somos demasiado viejos. Pero Morán, como nosotros, comparte la misma mirada escéptica, distante y ferozmente crítica con cuanto ha sucedido o cuanto pudo suceder, o cuanto no pudo suceder en ese proceso orgánico que ha sido la evolución del régimen franquista hasta una democracia formal, más o menos homologable, pero cuyas carencias, en el día de hoy producen a los que queremos ser mínimamente críticos, estricto sonrojo, cuando no náusea.

No he podido abandonar las 700 páginas (y más de ciento cincuenta de notas), absolutamente enganchado, del libro de Ferran Gallego, historiador mutado aquí a etnógrafo, entomólogo de un corto periodo de la vida política española: el que va del nombramiento de Arias Navarro en 1974 al dia después de las elecciones de 15 de Junio de 1977. Cuarenta meses durante los cuales el historiador, mutado a antropólogo político, analiza la vida y milagros de medio millar de personajes a partir de lo que dijeron, de lo que de ellos se ha publicado, de lo que ellos mismos publicaron, triangulado con un análisis hemerogràfico y documental apabullante que le permite reconstruir con la minuciosidad de un antropólogo de campo su vida, sus ideas, sus intenciones, su cinismo, sus prácticas sociales y políticas, y todo ello contextualizado mediante una metodología interpretativa que le aleja de la historiografía positivista y de la antropología estructural funcionalista para bien. Escrito durante varios años, porque obra como esta nada tiene que ver con la escritura ocasional del periodista el libro destila pasión, emoción y tristeza, ni siquiera desencanto porque a nuestra edad ya no toca. Termina de forma lúgubre, hablando no de 1977 sino de 2007, y de lo que quedó no ya en el camino, sino antes del propio inicio del camino.

La obra tiene una extraordinaria capacidad interpretativa y analítica Nos devuelve no solo una etnografía densa de un proceso orgánico de transición política, sino tambien una de-construcción de los elementos de cultura políticapresentes y de los usos y las prácticas narrativas presentes en el proceso así como aquello que se quiso continuase configurando la cultura política de los españoles - aunque de modo muy lúcido distingue específicamente los casos de Cataluña y el país Vasco -, de tal calidad que es inevitable que nos permitan no solo comprender el día a dia actual de la penosa política española, sino documentar y explicar muchas de sus claves.

No voy a entrar en los argumentos centrales del libro, no quiero desvelar sus claves. Tiene el tempo moroso de la mejor tragicomedia y  quiero insistir en lo indispensable que resulta para poder contextualizar no sólo la transición sino también para comprender líneas de continuidad y claves interpretativas no solo en el nivel local-global de la política española (el nivel del Estado esencialmente), sino también el de las políticas públicas en él inmersas. Corrobora la necesidad de que existan científicos sociales independientes, críticos, que no comulguen con los trágalas de las historietas de la Transición, tanto en manos de la derecha pura y dura como de una izquierda que parece haber aprendido de la derecha - y el libro explica cómo - el cinismo y la mentira como (casi único) instrumento de práctica política, contra la que se estrellaron las ilusiones perdidas de nuestra juventud.